Prensa

Diario,

  • Ver nota revista ¨Llegas¨, Febrero 2014 (pág. 11)
  • Ver nota diario Pagina 12, Diciembre 2013
  • Ver nota revista Mu, Noviembre, 2013
  • Reseña Rolling Stone, del disco ¨Foto de un Buen Día¨
  • Ver nota diario Tiempo Argentino, Agosto 2013
  • Ver nota diario , La Nación, Agosto 2013
  • Ver nota revista, Veintitrés, Agosto 2013
  • Ver nota suplemento “Radar”, Pág. 12, Nov. 2012
  • Ver nota diario Clarín, Octubre 2012
  • Ver nota revista ¨Citrica¨, Mayo 2012
  • Ver nota diario La Nación, Mayo 2012
  • Ver nota diario Página 12, Noviembre 2011

TV

  • ” De1 a 5″ , por C5N, Abril 2014
  • CM, Canal “Solo Música”, Junio 2013
  • Documental ““Boleros, amor y pasión”, conducción Soledad Villamil  para canal “a” de Argentina, Mayo 2013
  • Noticiero 360, Canal 360, Junio 2013.
Revista online

Que bonita Vecindad

Radar, Página 12, DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012

FENOMENOS > VECINA: LA MUSICA SALE A LA VEREDA

Qué bonita vecindad

Un día, cansadas de buscar bares para tocar, de gastar mucho para ganar poco, de encontrar lugares con mal sonido, salieron a la vereda a tocar gratis para el que quisiera. Dos años después, son un fenómeno inesperado, amable y bienvenido: domingo por medio tocan con bandas invitadas, una iluminación íntima y sorprendente, y el público que se acerca a esa calle de Colegiales con reposeras, mate y bizcochuelos ya no son sólo vecinos. Esta noche es un buen momento para conocer al dúo Vecina.

Por Micaela Ortelli

De los cuatro elementos, las canciones de Vecina tienen que ser el aire. Domingo por medio, al caer el sol, Marianela Cuzzani y Laura Ledesma hacen un show acústico en una vereda ancha y silenciosa de Colegiales. Se acompañan con guitarra, cuatro venezolano, cajón peruano, acordeón y jarana jarocha, una especie de ukelele con un sonido poderosísimo, fabricado especialmente para tocar en la calle. Las acompaña Valeria Laura –“la tercera vecina”–, que crea visuales en tiempo real; y según el día, Javier de Mendonça y Cecilia Bienati en contrabajo y piano. Siempre llevan una banda invitada. El proyecto está por cumplir dos años y los habitués van con las reposeras, el mate y el bizcochuelo; los que pasan por casualidad se quedan a escuchar sin culpa y cargo: las chicas no pasan la gorra. Boca en boca, el público aumenta en cada fecha, y con el interés espontáneo de la prensa, la última vereda juntó más de doscientas personas. “¿Qué pasa, están con muchos contactos o son muy genias?”, cuenta Nela a Radar que les preguntó su ex manager (antes integraban un grupo de folklore latinoamericano llamado Dasdivania). “Ni lo uno ni lo otro –sigue–. De alguna manera extraña, esto está andando solo.”

Laura y Nela, de 30 y 32 años, se conocieron hace 7, cuando fueron las elegidas de la profesora de canto para dar clases con ella. Las dos coinciden en que la voz es su instrumento preferido; que si encontraran a alguien “las 24 horas dispuesto a tocar”, delegarían los instrumentos para sólo “pararse y cantar, y mover las manos como yo quiero”, dice Nela. Laura, que empezó su formación con violín y piano, era de las que tararean en clase: “Ledesma, callate”, es la frase que más recuerda de sus maestras. “No se me ocurría que la voz ya era un instrumento, y cuando lo entendí fue increíble; todo lo demás lo aprendí en función del canto.” Basta oírlas hablar para notar la belleza fresca y natural de sus voces; pero cuando cantan –y lo hacen con devoción–, directamente hacen sonreír. “Creo que todas las cosas que se pueden hacer a dos voces las probamos”, dice Nela, y Laura la interrumpe: “Al unísono, una y después la otra, una arriba y otra abajo, una lleva el tema y la otra hace coros”. Después Nela otra vez: “A veces yo llevo la canción que hizo ella y a veces ella la que hice yo”. Termina Laura: “Venimos cantando juntas desde hace mucho, ya es como que todo se mueve solo”.

En el verano de 2010 las chicas se obsesionaron: Dasdivania se desintegraba y ellas habían tomado un ritmo de composición parejo; se pasaban las canciones por mail, pero no alcanzaba: decidieron reunirse en Trelew –una iba viajando por Bariloche, la otra salió de Buenos Aires–. “Veníamos tocando en otro grupo y sabíamos lo que era aprenderse bien un arreglo, tocarlo y cantarlo bien, y queríamos llegar ahí ya”, recuerda Nela de esos días intensos en los que no pararon de ensayar; sólo cambiaban de espacio para no “quemarse”. Así, iban de la habitación –-paraban en lo de una tía a la que vieron poco y nada– al living; de ahí a la orilla del río; de ahí a Puerto Madryn un día de tormenta de arena. Laura y Nela empezaban a darles forma a sus dulces canciones folk y lo único que querían era cantar y tocar.

Para mitad de año, Vecina tenía un repertorio armado y una historia repetida por delante: conseguir lugares para tocar, que muy pocos tengan buen sonido (son muy, pero muy exigentes con el sonido), preocuparse por la convocatoria, la plata, los viáticos, para ganar mucho cansancio y, en términos de dinero, lo mismo que ahora: nada. Hubo que esperar al verano siguiente para un nuevo viaje revelador.

Hace tiempo que Laura y Nela tocan y bailan son jarocho, expresión originaria del centro-sur del estado mexicano de Veracruz; y en el verano de 2011, durante los fandangos –festival popular que se realiza cada año desde mediados de diciembre hasta principios de febrero–, alquilaron un auto y salieron a recorrer los pueblos de la zona donde cada noche había shows en bares y en las calles. No fueron sólo como espectadoras; ellas también tocaron a cambio de alojamiento o comida y hasta llegaron a pagarles. El espíritu inclusivo de esa fiesta es el mismo que llevó a Vecina a la calle: “La salida a la vereda tomó coraje por los ojos, después de ver eso en Veracruz, de ver que salir a tocar a la calle era una fiesta, y que el que lo tenía en la puerta de su casa era el bendecido al comienzo del año”, cuenta Nela. De ahí también surgió la idea de no hacerlo a la gorra: “La plata que deja la gorra tampoco cambia nada; de entrada quisimos plantearlo como otra cosa, como un regalo que ocurre en la vereda de tu casa”, sigue Laura.

La primera vereda fue en marzo del año pasado, y desde ese día las chicas se lo tomaron como un trabajo: “No nos preguntamos: ‘Che, ¿hoy da salir?’”, dicen. En invierno, ellas, compañeros y oyentes se aguantan el frío; si llueve, Julio, un vecino, les presta su bar para que toquen. El horario y las características del show hacen que Vecina convoque público de todas las edades, que hace silencio absoluto para escuchar sus canciones de amor, barrio, viajes; canciones íntimas y delicadas con un espíritu que, para más romanticismo, resume “Domingo”: Creo que me estoy volviendo puro movimiento/ Suelto el pelo y voy dejando que me vuelva viento.

Las chicas se refieren de un modo más amable al objetivo lógico: vivir de la música; ellas dicen “poder dedicarle más”. Vecina, como cualquier otra banda, quiere grabar un disco –tienen uno semicasero que venden en las veredas a $20– en un estudio profesional con un buen –un gran– sonido. Hasta que puedan hacerlo, cantan con los pájaros, el roce de las hojas de los árboles y niños llorando de fondo: al natural y al aire libre, adonde al fin y al cabo pertenece la música.


La próxima vereda es hoy, domingo 18 de noviembre, a las 19, en Gregoria Pérez y Martínez, Colegiales, con Malyevados como banda invitada. El 9 de diciembre las chicas se presentan en la Biblioteca Nacional.

Actuar en la Vereda

Clarín, Martes, 16 de Octubre de 2012, VECINA 

Actuar en la vereda

POR EINAT ROZENWASSER

Forman el dúo “Vecina” y cantan gratis en las calles de Colegiales.

Te puede pasar. Un domingo cualquiera, cuando cae la tarde, salís a pasear el perro, avanzás sin rumbo por las calles de Colegiales hasta que doblando una esquina te topás con un montón de gente arremolinada frente a una casa de paredes rosa. Sentados o de pie, comparten respetuoso silencio mientras escuchan a Laura Ledesma y Marianela Cuzzani, sus vecinas que a su vez son Vecina, un dúo que decidió llevar su música a la vereda. Antes de avanzar, un dato para los que hacen del escepticismo una causa: las chicas no cobran ni pasan la gorra. “Esto de verdad es una convidada. Nos gusta pensar que es un regalo”, definen como punto de partida.

Un cantero hace las veces de estacionamiento para las bicis. Hay banquitos y sillas playeras, alguna lona sobre el cordón, muchos termos, mate y bizcochitos. Apenas una brisa que mueve las ramas de los árboles, las ruedas de un auto que baja la marcha sobre el empedrado y la música. Un conjunto de canciones suaves, que hilvanan historias, matices y colores que toman cuerpo a través de los instrumentos que van alternando: guitarra, ukelele, cuatro venezolano, acordeón y cajón peruano.

Sentadas en el cordón, las chicas repasan la historia de este proyecto que comenzó a delinearse a principios de 2010. Cuentan que las dos habían pasado por otros grupos y compartían ideas y formas sobre lo que querían hacer. Durante el primer verano se dedicaron a componer y, con el repertorio armado, empezaron a recorrer el circuito tradicional. “Lo de siempre. Hacer una fecha, cobrar entrada”, resume Marianela. Después de un año de trabajo se fueron de viaje y terminaron girando por México. “Ahí descubrimos una espontaneidad para tocar en la que todo surgía de una manera muy fluida. Y cuando volvimos nos encontramos de nuevo con esa contractura de los porcentajes, las entradas, cuánta gente llevás, la tarjetita, cómo hacés con los músicos invitados y el taxi y la cena y la prueba de sonido… En esa ecuación, nos tomábamos todo ese laburo, hasta nuestros familiares pagaban y así y todo nos quedábamos en cero”, sigue. “Si hay cero, que sea cero, que nadie ponga plata para vernos”, pensaron las chicas.

“Al principio pensábamos en invitar al living, pero nos dimos cuenta de que era al revés, había que salir a la vereda”, retoma Laura. Comenzaron a recorrer el barrio para explicar lo que querían hacer. “Con respeto y paciencia todo es bien recibido. Probamos tocar con sonido, pero no era necesario”, sigue. Y sumaron las proyecciones de Valeria Laura para crear fondos que complementan la puesta con escenografía hogareña: marcos, ventanas, una habitación. “Queríamos mostrar la intimidad que propone Vecina , acompañar la idea de invitar al otro a entrar a lo que ellas hacen”, explica la visualista.

De a poquito el barrio se fue enganchando. “Los vecinos de enfrente sacan todas las sillas. Hay otros que nos dejan enchufar alargues para las proyecciones. Julio, otro vecino, tiene un bar y cuando hace frío lo abre para nosotras. La última fecha del año pasado, una vecina que viene siempre trajo mermelada casera para compartir. Todo es así. Es un intercambio que sólo nos trae cosas buenas. Algo está confabulado para que las cosas salgan bien”, afirma Laura.

Este domingo volverán a sacar sus canciones a la vereda de Colegiales con La familia de ukeleles como invitados, y repiten cada dos semanas. De vez en cuando las invitan a otra vereda y el (en)canto se traslada (el 9 de diciembre en la Biblioteca Nacional). Confirman coordenadas unos días antes de cada show a través de Facebook (Vecina Canciones). Así que ya saben. Conviene estar atento y tener la sillita preparada. Puede pasar.

Vecina: la calle es su lugar

LA NACION / Domingo 27 de mayo de 2012 | Música / Fenómeno, Por Laura Ventura

El grupo audiovisual se convirtió en un clásico de los domingos de Colegiales

Las chicas de Vecina, Laura y Nela, cantan gratis en las callecitas de Colegiales y ofrecen su CD. Foto: Patricio Pidal / AFV

En las calles de Colegiales, dos domingos al mes, al atardecer, los vecinos preparan el termo para el mate, sus reposeras y salen a la vereda. Desde hace un año, un clásico de estas manzanas porteñas es la presentación del grupo audiovisual Vecina (Nela Cuzzani, Laura Ledesma y Valeria Laura), que toca en vivo sus temas. Este fenómeno crece a paso firme, en convocatoria y organización.

Un patrullero corta la calle para que la gente pueda sentarse en la acera. La vereda les quedó chica hace tiempo. En la última entrega de Vecina, una actriz cool de TV, un historiador y muchos padres jóvenes con sus cochecitos escucharon el recital. “¿Pueden tocar «Golosina»? Ella me lo pide siempre”, le pide a una de las músicas una madre con su hija de la mano.

“No somos instrumentistas, pero sí nos acompañamos con el ukelele, la guitarra y percusión”, dice Laura. También las acompañan Javier de Mendonça, en el contrabajo, y Cecilia Bienati, en teclados.

Vecina realiza un recital gratuito, ni siquiera se pasa la gorra. Cuando finaliza su presentación ofrecen su disco a un precio módico. Este punto es clave para explicar su convocatoria y crecimiento. Y además ganaron popularidad y cariño en el barrio. Distintos vecinos las invitan a tocar a sus veredas, y el escenario cambia de lugar en cada fecha, según las invitaciones que reciban. “Hay una frase que dice: «¿Y si salimos a tocar a la vereda?» Y lo hicimos. Al principio éramos poquitos y la gente no entendía qué pasaba. Así que entre tema y tema les decíamos a los que paseaban con sus perros que se quedaran. Muchos pensaban que los estaban filmando o preguntaban cuándo viene la gorra”, cuenta Nela.

Laura y Nela daban clases de canto en el mismo lugar, e integraban una banda que hacía covers de música popular de América latina. Pero cada vez más tenían la necesidad de ofrecer sus composiciones y de desarrollar su propio estilo. Así nació Vecina, con poesías lúdicas bien construidas, sobre el amor, el olvido, y hasta una oda a una bicicleta. “Las canciones, en general, las hacemos cada una, por separado, es decir, su esqueleto. Pero luego juntas discutimos las letras, la armonía y los arreglos de voces”, explica Laura, quien además reconoce que hay una suerte de hit, “Orquídea”.

La tercera integrante tiene a cargo la pata audiovisual de esta propuesta. Nela conocía a Valeria de la facultad, donde estudió Diseño de Imagen y Sonido. “Las devuelvo a la ciudad, así no se pasan de folk”, festeja.

Es llamativo que haya público de todas las edades. “Hay muchos niños y gente grande también, pero en especial chicos de nuestra edad. Me imagino que es más fácil generar empatía porque nos ven cercanas a ellos. Pero de todos modos no lo podemos explicar”, opina Laura. Nela agrega: “Al no tener un estilo musical tan encasillable, en esa confusión, todo suma”.

Valeria admite que este fenómeno trascendió el barrio y que hay gente que incluso va del conurbano a escucharlas. “Las redes sociales fueron fundamentales para difundir lo que hacemos. Más allá del boca en boca y de los conocidos de conocidos del barrio”, opina Valeria. En épocas de gente hiperconectada, de distancia física y velocidad en los contactos y la comunicación, la tecnología ayudó, paradójicamente, a acercar a esa gente que ya de por sí vive cerca y a revalorizar el concepto de barrio y vecino.

El disco de las Vecina no está terminado aún. “Queremos grabar más canciones. Este existe, más casero, para que más gente pudiera conocer lo que hacemos”, dice Laura.

Vecina también invita a otros grupos a tocar y ahora promete, ante la llegada del invierno, continuar con sus presentaciones, quizá en otro horario donde el frío no ahuyente a su público..

PARA AGENDAR

Vecina : el trío presemta un repertorio de canciones propias y un espectáculo audiovisual. Barrio de Colegiales : Virrey Loreto al 3300. Hoy, a las 19 . Gratis

 

 

 

La música a la calle

Pagina 12, Viernes, 16 de diciembre de 2011
las12

1. Una de las características de su sonido es la calidez y organicidad y esa búsqueda por torcerles el brazo a los límites de la música folklórica latinoamericana. ¿Cómo planean encarar y encauzar la experimentación sonora al momento –pronto a llegar– de grabar su primer disco?

–El músico Pablo Grinjot nos está ayudando con la instrumentación y los arreglos para ver con qué engordar el sonido de Vecina y aún estamos viendo la manera de grabarlo. Por lo pronto, un fantasma nos hace investigar cómo sería hacerlo en la vereda. Estamos negociando con el sonido y arrancaremos con las pruebas en el verano, pensando en que los ruidos de la calle sean propios del disco. Habrá que ver cómo aminorar aquello que pueda contaminar o tapar la sonoridad de la vereda, como el paso de los autos.

2. ¿Es una calle poco transitada?

–Es el corazón de Colegiales, la vereda de mi casa. Los domingos por la tarde es tranquilo. Como hay empedrado, el adoquinado hace que los autos bajen la velocidad y, al no haber colectivos, se escuchan los árboles, los pájaros.

3. Sus letras toman, en general, forma de pequeñas crónicas urbanas. ¿Las historias cargan un acento barrial?

–Es nuestra naturaleza. Nos encantaría hacer canciones sobre el monte, pero eso sólo podría pasar estando de vacaciones. Lo que nos pasa es lo que compartimos. Hay quienes dicen que ya no queda nada por inventar; de ahí que uno busque la simpleza o lo cotidiano en la canción.

4. En las coordenadas que mencionabas previamente, las de tu casa, han armado un proyecto de intervención muy particular: domingo por medio, sacan los instrumentos a la vereda y dan conciertos gratuitos. ¿Cuándo empezaron?

–Desde marzo estamos tocando en la vereda dos veces al mes. ¡Nos bancamos hasta el invierno! Es raro salir de tu casa y que el vecino que pasea con el perro o el auto que pasa se detengan a mirarte. O que los músicos del barrio se acerquen a pedir un espacio en las fechas. Es una manera de resignificar lo barrial y habilitar el contacto con el otro. Algunos vienen con sillita playera; otros, tiran una lona. También es una propuesta generadora de amigos; es lindo tener una fecha gratis para invitar. Es una convidada de música.

5. ¿Ningún vecino le ha hecho problema a Vecina por la propuesta callejera?

–Como nunca nada es unánime, siempre hay que ser respetuoso y considerado del otro: tocar el timbre, decir “por favor” y pedir permiso, saber que el otro te está haciendo un favor. Por eso salimos sin sonido; para escucharnos, hay que acercarse. Y, en general, se acercan. Julio, por ejemplo, es un personaje del barrio que tiene un bar enfrente y, si llueve, nos alberga y nos deja tocar adentro, pensando siempre que la movida es gratuita.

6. En el videoclip de “Domingo” están nuevamente en la vereda, tocando. ¿Cómo decidieron el armado?

–Nos dirigió Alice Lanari, una brasileña que se hizo amiga en la vereda. Se acercó a escucharnos, nos arengó, consiguió gente y ayuda del Incaa (que nos cedió equipos) y lo filmamos en el mismo lugar donde hacemos las fechas. Valeria Laura, de Jalea.tv, estuvo a cargo de la posproducción.

7. ¿Planean continuar la propuesta el año próximo?

–Sí, el plan es seguir mejorando la propuesta. Porque la modalidad ha ido madurando y la última vez vinieron sesenta personas. Hemos crecido poco a poco, con las redes sociales y el boca a boca virtual como núcleo. De todas formas, no queremos ser la única vereda. Nos gustaría que el proyecto se expanda como idea y se aproveche en otros barrios como lo que es: un encuentro y un regalo.

8. Además de haberse presentado en diversos escenarios porteños, el pasado febrero realizaron su primera gira por México, presentándose en Chiapas y Oaxaca. ¿Cómo fue la experiencia?

–No sólo hay más espacios; está más valorado el lugar del músico. Todos te pagan. Cuando volvimos y notamos lo difícil que se hacía tocar en Buenos Aires, pensamos que las cosas tenían que ser más fáciles. Entonces surgió esta ecuación: la de crecer musicalmente en la puerta de casa y regalar lo que hacemos, sin que nadie ponga plata.

9. Este domingo las acompañarán Georgina Hassan, Cecilia Bienati, Gustavo Pacheco y Gonzalo Buzzi. ¿Qué músicos invitados pasaron anteriormente por su vereda?

–Julieta Rimoldi, la compañía de tap Chakatá, Pablo Grinjot, Dasvidania, Helmut Robot, Luz Buena, Maten a Mirtha, Suena Olivia, Jilguero, Paulina y el Buscapié, de México, entre otros.

10. El pasado octubre estuviste a cargo de la organización de un concierto en Plaza de Colegiales donde figuras como Flopa y Paula Mafia homenajearon a Lhasa de Sela. ¿Planean continuar difundiendo el tributo?

–Absolutamente. De hecho, es probable que se cristalice en un ciclo de cuatro o cinco fechas el año próximo, con la idea de abrir aún más la convocatoria. El padre de Lhasa nos ha pedido el material registrado para un posible documental que están armando. Así que, de a poco, vamos conquistando: la plaza, la calle, la vereda… ¡Hasta que me echen de Colegiales por agotar los recursos!

* Marianela Cuzzani integra Vecina, un dúo folk integrado por ella (voz, ukelele, guitarra y cajón peruano) y Laura Ledesma (voz, cuatro venezolano, guitarra y acordeón), que dará su última presentación del año –en el marco del ciclo autogestionado y gratuito “En Su Vereda”– este domingo 18 de diciembre a las 17, en Virrey Loreto 3300. Más información en www.vecinacanciones.com.ar

Cosiendo la herida de su ausencia

Pagina 12, Viernes, 14 de octubre de 2011
Tributo a Lhasa de Sela, 12 cantautoras, organizado por Marianela Cuzzani.
las12

Viernes, 14 de octubre de 2011

En un concierto tributo, una docena de artistas argentinas, mexicanas y uruguayas homenajearán a la cantora Lhasa de Sela, fallecida con sólo 37 años el año pasado. Lo que las moviliza a participar, en sus propias palabras.

Por Guadalupe Treibel

Para llegar al lado de Lhasa de Sela hay que atravesar tres discos, tres idiomas y más de una nostalgia, dejarse atravesar por frases descarnadas como “He venido al desierto para reírme de tu amor, que el desierto es más tierno y la espina besa mejor”, cruzar la voz clara, mirar más allá de los ojos rasgados. Ella –con su nombre de capital de Tibet– componía temas desgarrados, sonaba a folk norteamericano, blues, ranchera, chanson francesa, contaba historias de un abuelo libanés, vivía errante, sacaba discos cada mucho rato (La llorona, 1997; The living road, 2003; Lhasa, 2009). El tiempo lo usaba para no perderse: “Necesité esos años para volver a sentirme bien, independiente, sentirme como un ser humano que tiene cosas que decir que son sencillas. Vale la pena alejarse de todo para volver a apreciarlo todo”, contaba ella. Lástima que el 1º de enero de 2010, Lhasa se alejó demasiado.

Después de pasar su infancia en un (otrora) autobús escolar, paseando por rutas de México y Estados Unidos con su padre escritor –mexicano– y su madre fotógrafa –norteamericana–, de vivir sin TV, electricidad ni agua corriente, de convivir con sus hermanas payasas y contorsionistas en un circo por un año e instalarse en Montreal, Lhasa llegó a los 37 años y murió. Así, de repente, la mujer que escuchaba a Violeta Parra, Chavela Vargas, Billie Holiday o María Callas enfermó de cáncer de mama y falleció. Los que conocían sus canciones dejaron caer unas lágrimas: Lhasa, esa artista de culto, ya lo había atravesado todo.

No es de extrañar, entonces, que una decena de mujeres se reúna ahora para recordarla y, sobre todo, cantarla. Mujeres valiosas, cantoras y actrices, de aquí, Uruguay y México, mujeres como Flopa Lestani, Julieta Rimoldi, Irene Goldszer, Laura Ledesma, Liza Casullo, Valeria Cini, Paula Maffía, Valentina González, Casandra Da Cunha, Melina Sarmiento, Cecilia Bienati o la mentora del proyecto recitalero, la música Marianela Cuzzani. “Entendimos que había algo que se había acabado antes de lo que se tenía que terminar y había que coserlo para que cicatrizara”, explica la muchacha que –un año atrás– comenzó a cranear la propuesta.

“Es difícil encontrar referentes congruentes y en Lhasa hay coherencia: en su vida y en su canción. Y no pongo sus discos porque me pongan bien; los escucho porque los necesito, porque reivindican otra parte de la vida”, recrea Cuzzani sobre la mujer a la que homenajeará –junto a la troupe convocada– el próximo miércoles. Claro que, además del cariño que hermana, está la artista preventiva: la que llama a recordar a De Sela en el día internacional del cáncer de mama e invitar al chequeo, a desarmar el tabú y hablar el tema. “Es una enfermedad muy de género, con un rasgo particular: aquí la prevención hace muchísimo porque –detectada a tiempo– no es necesariamente mortal”, avisa Cuzzani sobre los fines.

Y la noble idea no se cierra; el proyecto es continuar como ciclo, mover las canciones y el mensaje a las provincias. “Incluso deliramos con empezar a grabar un disco el año próximo”, repasa Marianela sobre un evento que, en plena plaza y bajo el título “Con toda palabra”, promete imágenes, poesías, videos y preciosa música en boca de caños bien dispuestos, capaces de desnudarse para temas bien desnudos, con el bienhechor objetivo de llegar a la masmédula de la cuestión: ¿cuál es esa? Ellas mismas, las protagonistas, lo explican. En sus palabras…

Casandra da Cunha

¿Por qué participar de un homenaje a Lhasa? Por amor. Su música es, para mí, un refugio. Su voz me reconcilia con un modo de vivir ciertas emociones que, a veces, me mueven hasta caer: tristeza, pérdida, fragilidad y un algo medio gitano, medio sin patria. Su voz me calma. Parece vagar sin rumbo y, al mismo tiempo, tiene el poder de adueñarse de cada rincón. De su obra, aprecio la libertad, el capricho, la lealtad con el mundo interno.

No me voy a tomar demasiadas licencias a la hora de interpretarla… ¿Para qué? Me propongo hacer sentir lo que ella me hace sentir a mí y, para eso, voy a movilizar todos mis recursos. Las dos canciones que elegí me resuenan por todos lados, en los huesos, y aluden al hogar en un sentido profundo, a tener un lugar en el espacio y en el tiempo. “Anywhere on this road” y “Is anything wrong”, que dice: “Encontré un hogar, / ahora empieza la vida / Puedo esperar un año o dos, / pero ni un minuto más”. Con la muerte –que todo lo resignifica–, el sentido que cobran esas líneas desde la partida de Lhasa es, sencillamente, conmovedor.

Flopa Lestani

Lhasa siempre mantuvo muy bajo perfil. Se tomó sus tiempos para componer y editar, cantó en los tres idiomas que hablaba y no fue el bocadillo de nadie. Su primer disco vendió muchas copias y en vez de tomar envión y acomodarse un contrato y más discos, ¡no!, ella se guardó. Editó dos discos más a intervalos de seis años, uno mejor que el otro, y, al cerrar la cuenta, el total da sólo tres, ¡pero qué tres! Listo. Todo bien con Lila Downs, pero Lhasa es otra cosa, chicas. Yo la tengo ahí arriba con Billie Holliday, Edith Piaf, Cesaria Evora y Chavela Vargas.

En mi caso, voy a hacer “Pa’ llegar a tu lado”, un tema del segundo disco The Living Road. Es un vals lento, con un aire de marcha fúnebre romántica y oscura. Y seguramente alguno más. Me propongo –como de costumbre– desvestir las canciones y –en el caso de la que elegí, que ya viene desnuda de origen–, llegarle a la osamenta. Me gusta hacer temas que puedo asimilar melódica y líricamente a mi modo de cantar. No hay manera de hacer una canción suya “al pie de la letra”, aun cuando la tentación de imitarla sea tan grande pero sabés que –además de ridículo– es imposible. Cualquiera que se aventure tiene que disfrazarse de algo y salir con mariachis a visitar balcones.

La verdad que ella falleció muy joven y por una enfermedad de mierda. Me da bronca cuando muere gente joven habiendo tanto viejo choto con arresto domiciliario… Se ve que no es cuestión de cupos. Nunca está de más recordar las recomendaciones de la gran Tita: “Muchacha, hacete el Papanicolaou”.

Liza Casullo

La voz de Lhasa me genera un efecto de imán; me deja pegada a sus vaivenes, a su gravedad juguetona y dramática, a su fraseo retrasado. Su canto es tan vital, intenso y estimulante que es difícil creer que se ha ido. Pienso que su obra es, al mismo tiempo, admirada por muchos y desconocida por otros tantos. Por eso, la combinación de un homenaje que nos permita reversionar y compartir sus canciones, sumando la posibilidad de difundir y concientizar sobre la prevención del cáncer de mama, es una gran idea.

Uno de los temas que voy a hacer, en colaboración con otras cantautoras, es “La Frontera”. Hay algo muy simple y visual en la letra de esa canción que abre –a través de imágenes–, sentidos que van mucho más allá de esas mismas imágenes: “Me arrastro bajo el cielo / Y las nubes del invierno / Es el viento que las manda / Y no hay nadie que las pare / A veces combate despiadado / A veces baile / Y a veces… nada…”.

Paula Maffia

Para mí, Lhasa siempre ha sido un personaje inspirador; una mina con una historia compleja, una viajera, una persona con anécdotas e historias recopiladas por ella misma. Se ha ganado el mote de cuentahistorias porque las lleva en la carne y eso se ve clarísimo en cada una de sus palabras, en cómo las entona: todo lo que dice es sincero y sentido. Por otro lado, siempre me atrajeron los personajes incatalogables y ella es un buen ejemplo, porque su música… ¿qué es? Es una fantasía de canción gitana, ranchera de amor, delicadeza de folklore europeo, crudeza lofi capaz de generar imágenes quiméricas y evocadoras.

Las canciones que voy a hacer son “Por eso me quedo” (sola, sin acompañamiento); “Floricanto” (junto a Laura Ledesma y Marianela Cuzzani) y “Los Peces”, con Julieta Rimoldi. Auguro que, en cada canción, voy a usar un instrumento… ¡Hay que hacer honor al clima ecléctico de Lhasa!

Laura Ledesma

Lhasa es, para mí, una enorme fuente de inspiración, con sus letras profundas, sensibles, el timbre de una voz que encanta, el peso de canciones que dejan el cuerpo cansado… Qué lamentable que su carrera haya quedado trunca en su mejor momento. Por suerte, el homenaje va a hacer llegar su música a más gente y podremos sumar nuestra impronta en el placer de reinterpretar sus temas, solas y acompañadas.

Irene Goldszer

Lhasa apareció en mi mundo musical hace 11 años y, en ese momento, me hizo descubrir una mezcla europea y latina en sus letras y músicas, un fraseo particular en su canto, una emoción al decir que antes no había escuchado. Sus temas no son lo suficientemente conocidos por el gran público y si bien no tomo este tributo como una “misión” para transmitir su música, ese será el efecto que surgirá naturalmente. El punto es que, mediante sus canciones, podemos prestarle atención a una enfermedad como el cáncer de mama.

Valentina González

Como mexicana en Buenos Aires me parece importante ser parte de este tributo en el que se honra el trabajo maravilloso de una méxicoamericana. Lhasa significa aire fresco para las sonoridades de mi país, sacar a lo vernáculo de su sitio de pieza de museo y reinventarlo y alimentarlo de todo cuanto su alma quiso. Como artista, ella conectó sus raíces con todo lo que se encontró a su paso. Este tributo es sólo una muestra de gratitud y de ello sólo pueden venir cosas buenas. Yo haré “J’arrive en Ville” sola con mi loopstation grabando voces en vivo, tomándome algunas licencias artísticas para recrear esta versión a cappella.

Valeria Cini

De Lhasa aprecio la forma apasionada, dramática y casi desgarrada en su expresión, pura y sin amaneramientos. Una mujer contando sus sufrires, sus amores, su vida en las posibilidades de varias lenguas, dándole a la composición esa cualidad personal con sonido propio, con la suma de lenguajes musicales folclóricos. Aunque no siento que necesariamente haya influido en mi música, puedo reconocer los nuevos planos sonoros que trajo a mi universo y creo que esta es una fantástica oportunidad para dar a conocer sus canciones en ámbitos menos intelectuales.

Elegí hacer “El Desierto” porque es la primera canción suya que escuché; me conmovieron y agitaron totalmente las cadencias, el ritmo, los sonidos puros y la poesía genial en la simpleza de la letra, el tono de su voz es muy particular, dramático. Y elegí “La Marée Haute” porque esa idea de “montarse a la mar en alto y andar” la convierte en una canción épica. Y me gusta lo épico.

El “Tributo a Lasha de Sela en el Día Mundial del Cáncer de Mama” será el miércoles 19 de octubre a las 20 en Plaza de Colegiales, Av. Alvarez Thomas 1100. Entrada libre y gratuita.

las12
VIERNES, 16 DE DICIEMBRE DE 2011

DIEZ PREGUNTAS > MARIANELA CUZZANI, INTEGRANTE DEL DUO MUSICAL VECINA *

La música a la calle

1. Una de las características de su sonido es la calidez y organicidad y esa búsqueda por torcerles el brazo a los límites de la música folklórica latinoamericana. ¿Cómo planean encarar y encauzar la experimentación sonora al momento –pronto a llegar– de grabar su primer disco?

–El músico Pablo Grinjot nos está ayudando con la instrumentación y los arreglos para ver con qué engordar el sonido de Vecina y aún estamos viendo la manera de grabarlo. Por lo pronto, un fantasma nos hace investigar cómo sería hacerlo en la vereda. Estamos negociando con el sonido y arrancaremos con las pruebas en el verano, pensando en que los ruidos de la calle sean propios del disco. Habrá que ver cómo aminorar aquello que pueda contaminar o tapar la sonoridad de la vereda, como el paso de los autos.

2. ¿Es una calle poco transitada?

–Es el corazón de Colegiales, la vereda de mi casa. Los domingos por la tarde es tranquilo. Como hay empedrado, el adoquinado hace que los autos bajen la velocidad y, al no haber colectivos, se escuchan los árboles, los pájaros.

3. Sus letras toman, en general, forma de pequeñas crónicas urbanas. ¿Las historias cargan un acento barrial?

–Es nuestra naturaleza. Nos encantaría hacer canciones sobre el monte, pero eso sólo podría pasar estando de vacaciones. Lo que nos pasa es lo que compartimos. Hay quienes dicen que ya no queda nada por inventar; de ahí que uno busque la simpleza o lo cotidiano en la canción.

4. En las coordenadas que mencionabas previamente, las de tu casa, han armado un proyecto de intervención muy particular: domingo por medio, sacan los instrumentos a la vereda y dan conciertos gratuitos. ¿Cuándo empezaron?

–Desde marzo estamos tocando en la vereda dos veces al mes. ¡Nos bancamos hasta el invierno! Es raro salir de tu casa y que el vecino que pasea con el perro o el auto que pasa se detengan a mirarte. O que los músicos del barrio se acerquen a pedir un espacio en las fechas. Es una manera de resignificar lo barrial y habilitar el contacto con el otro. Algunos vienen con sillita playera; otros, tiran una lona. También es una propuesta generadora de amigos; es lindo tener una fecha gratis para invitar. Es una convidada de música.

5. ¿Ningún vecino le ha hecho problema a Vecina por la propuesta callejera?

–Como nunca nada es unánime, siempre hay que ser respetuoso y considerado del otro: tocar el timbre, decir “por favor” y pedir permiso, saber que el otro te está haciendo un favor. Por eso salimos sin sonido; para escucharnos, hay que acercarse. Y, en general, se acercan. Julio, por ejemplo, es un personaje del barrio que tiene un bar enfrente y, si llueve, nos alberga y nos deja tocar adentro, pensando siempre que la movida es gratuita.

6. En el videoclip de “Domingo” están nuevamente en la vereda, tocando. ¿Cómo decidieron el armado?

–Nos dirigió Alice Lanari, una brasileña que se hizo amiga en la vereda. Se acercó a escucharnos, nos arengó, consiguió gente y ayuda del Incaa (que nos cedió equipos) y lo filmamos en el mismo lugar donde hacemos las fechas. Valeria Laura, de Jalea.tv, estuvo a cargo de la posproducción.

7. ¿Planean continuar la propuesta el año próximo?

–Sí, el plan es seguir mejorando la propuesta. Porque la modalidad ha ido madurando y la última vez vinieron sesenta personas. Hemos crecido poco a poco, con las redes sociales y el boca a boca virtual como núcleo. De todas formas, no queremos ser la única vereda. Nos gustaría que el proyecto se expanda como idea y se aproveche en otros barrios como lo que es: un encuentro y un regalo.

8. Además de haberse presentado en diversos escenarios porteños, el pasado febrero realizaron su
primera gira por México, presentándose en Chiapas y Oaxaca. ¿Cómo fue la experiencia?

–No sólo hay más espacios; está más valorado el lugar del músico. Todos te pagan. Cuando volvimos y notamos lo difícil que se hacía tocar en Buenos Aires, pensamos que las cosas tenían que ser más fáciles. Entonces surgió esta ecuación: la de crecer musicalmente en la puerta de casa y regalar lo que hacemos, sin que nadie ponga plata.

9. Este domingo las acompañarán Georgina Hassan, Cecilia Bienati, Gustavo Pacheco y Gonzalo Buzzi. ¿Qué músicos invitados pasaron anteriormente por su vereda?

–Julieta Rimoldi, la compañía de tap Chakatá, Pablo Grinjot, Dasvidania, Helmut Robot, Luz Buena, Maten a Mirtha, Suena Olivia, Jilguero, Paulina y el Buscapié, de México, entre otros.

10. El pasado octubre estuviste a cargo de la organización de un concierto en Plaza de Colegiales donde figuras como Flopa y Paula Mafia homenajearon a Lhasa de Sela. ¿Planean continuar difundiendo el tributo?

–Absolutamente. De hecho, es probable que se cristalice en un ciclo de cuatro o cinco fechas el año próximo, con la idea de abrir aún más la convocatoria. El padre de Lhasa nos ha pedido el material registrado para un posible documental que están armando. Así que, de a poco, vamos conquistando: la plaza, la calle, la vereda… ¡Hasta que me echen de Colegiales por agotar los recursos!

* Marianela Cuzzani integra Vecina, un dúo folk integrado por ella (voz, ukelele, guitarra y cajón peruano) y Laura Ledesma (voz, cuatro venezolano, guitarra y acordeón), que dará su última presentación del año –en el marco del ciclo autogestionado y gratuito “En Su Vereda”– este domingo 18 de diciembre a las 17, en Virrey Loreto 3300. Más información en www.vecinacanciones.com.ar
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VIERNES, 14 DE OCTUBRE DE 2011

MUSICA

Cosiendo la herida de su ausencia

En un concierto tributo, una docena de artistas argentinas, mexicanas y uruguayas homenajearán a la cantora Lhasa de Sela, fallecida con sólo 37 años el año pasado. Lo que las moviliza a participar, en sus propias palabras.

Por Guadalupe Treibel

Para llegar al lado de Lhasa de Sela hay que atravesar tres discos, tres idiomas y más de una nostalgia, dejarse atravesar por frases descarnadas como “He venido al desierto para reírme de tu amor, que el desierto es más tierno y la espina besa mejor”, cruzar la voz clara, mirar más allá de los ojos rasgados. Ella –con su nombre de capital de Tibet– componía temas desgarrados, sonaba a folk norteamericano, blues, ranchera, chanson francesa, contaba historias de un abuelo libanés, vivía errante, sacaba discos cada mucho rato (La llorona, 1997; The living road, 2003; Lhasa, 2009). El tiempo lo usaba para no perderse: “Necesité esos años para volver a sentirme bien, independiente, sentirme como un ser humano que tiene cosas que decir que son sencillas. Vale la pena alejarse de todo para volver a apreciarlo todo”, contaba ella. Lástima que el 1º de enero de 2010, Lhasa se alejó demasiado.

Después de pasar su infancia en un (otrora) autobús escolar, paseando por rutas de México y Estados Unidos con su padre escritor –mexicano– y su madre fotógrafa –norteamericana–, de vivir sin TV, electricidad ni agua corriente, de convivir con sus hermanas payasas y contorsionistas en un circo por un año e instalarse en Montreal, Lhasa llegó a los 37 años y murió. Así, de repente, la mujer que escuchaba a Violeta Parra, Chavela Vargas, Billie Holiday o María Callas enfermó de cáncer de mama y falleció. Los que conocían sus canciones dejaron caer unas lágrimas: Lhasa, esa artista de culto, ya lo había atravesado todo.

No es de extrañar, entonces, que una decena de mujeres se reúna ahora para recordarla y, sobre todo, cantarla. Mujeres valiosas, cantoras y actrices, de aquí, Uruguay y México, mujeres como Flopa Lestani, Julieta Rimoldi, Irene Goldszer, Laura Ledesma, Liza Casullo, Valeria Cini, Paula Maffía, Valentina González, Casandra Da Cunha, Melina Sarmiento, Cecilia Bienati o la mentora del proyecto recitalero, la música Marianela Cuzzani. “Entendimos que había algo que se había acabado antes de lo que se tenía que terminar y había que coserlo para que cicatrizara”, explica la muchacha que –un año atrás– comenzó a cranear la propuesta.

“Es difícil encontrar referentes congruentes y en Lhasa hay coherencia: en su vida y en su canción. Y no pongo sus discos porque me pongan bien; los escucho porque los necesito, porque reivindican otra parte de la vida”, recrea Cuzzani sobre la mujer a la que homenajeará –junto a la troupe convocada– el próximo miércoles. Claro que, además del cariño que hermana, está la artista preventiva: la que llama a recordar a De Sela en el día internacional del cáncer de mama e invitar al chequeo, a desarmar el tabú y hablar el tema. “Es una enfermedad muy de género, con un rasgo particular: aquí la prevención hace muchísimo porque –detectada a tiempo– no es necesariamente mortal”, avisa Cuzzani sobre los fines.

Y la noble idea no se cierra; el proyecto es continuar como ciclo, mover las canciones y el mensaje a las provincias. “Incluso deliramos con empezar a grabar un disco el año próximo”, repasa Marianela sobre un evento que, en plena plaza y bajo el título “Con toda palabra”, promete imágenes, poesías, videos y preciosa música en boca de caños bien dispuestos, capaces de desnudarse para temas bien desnudos, con el bienhechor objetivo de llegar a la masmédula de la cuestión: ¿cuál es esa? Ellas mismas, las protagonistas, lo explican. En sus palabras…

Casandra da Cunha

¿Por qué participar de un homenaje a Lhasa? Por amor. Su música es, para mí, un refugio. Su voz me reconcilia con un modo de vivir ciertas emociones que, a veces, me mueven hasta caer: tristeza, pérdida, fragilidad y un algo medio gitano, medio sin patria. Su voz me calma. Parece vagar sin rumbo y, al mismo tiempo, tiene el poder de adueñarse de cada rincón. De su obra, aprecio la libertad, el capricho, la lealtad con el mundo interno.

No me voy a tomar demasiadas licencias a la hora de interpretarla… ¿Para qué? Me propongo hacer sentir lo que ella me hace sentir a mí y, para eso, voy a movilizar todos mis recursos. Las dos canciones que elegí me resuenan por todos lados, en los huesos, y aluden al hogar en un sentido profundo, a tener un lugar en el espacio y en el tiempo. “Anywhere on this road” y “Is anything wrong”, que dice: “Encontré un hogar, / ahora empieza la vida / Puedo esperar un año o dos, / pero ni un minuto más”. Con la muerte –que todo lo resignifica–, el sentido que cobran esas líneas desde la partida de Lhasa es, sencillamente, conmovedor.

Flopa Lestani

Lhasa siempre mantuvo muy bajo perfil. Se tomó sus tiempos para componer y editar, cantó en los tres idiomas que hablaba y no fue el bocadillo de nadie. Su primer disco vendió muchas copias y en vez de tomar envión y acomodarse un contrato y más discos, ¡no!, ella se guardó. Editó dos discos más a intervalos de seis años, uno mejor que el otro, y, al cerrar la cuenta, el total da sólo tres, ¡pero qué tres! Listo. Todo bien con Lila Downs, pero Lhasa es otra cosa, chicas. Yo la tengo ahí arriba con Billie Holliday, Edith Piaf, Cesaria Evora y Chavela Vargas.

En mi caso, voy a hacer “Pa’ llegar a tu lado”, un tema del segundo disco The Living Road. Es un vals lento, con un aire de marcha fúnebre romántica y oscura. Y seguramente alguno más. Me propongo –como de costumbre– desvestir las canciones y –en el caso de la que elegí, que ya viene desnuda de origen–, llegarle a la osamenta. Me gusta hacer temas que puedo asimilar melódica y líricamente a mi modo de cantar. No hay manera de hacer una canción suya “al pie de la letra”, aun cuando la tentación de imitarla sea tan grande pero sabés que –además de ridículo– es imposible. Cualquiera que se aventure tiene que disfrazarse de algo y salir con mariachis a visitar balcones.

La verdad que ella falleció muy joven y por una enfermedad de mierda. Me da bronca cuando muere gente joven habiendo tanto viejo choto con arresto domiciliario… Se ve que no es cuestión de cupos. Nunca está de más recordar las recomendaciones de la gran Tita: “Muchacha, hacete el Papanicolaou”.

Liza Casullo

La voz de Lhasa me genera un efecto de imán; me deja pegada a sus vaivenes, a su gravedad juguetona y dramática, a su fraseo retrasado. Su canto es tan vital, intenso y estimulante que es difícil creer que se ha ido. Pienso que su obra es, al mismo tiempo, admirada por muchos y desconocida por otros tantos. Por eso, la combinación de un homenaje que nos permita reversionar y compartir sus canciones, sumando la posibilidad de difundir y concientizar sobre la prevención del cáncer de mama, es una gran idea.

Uno de los temas que voy a hacer, en colaboración con otras cantautoras, es “La Frontera”. Hay algo muy simple y visual en la letra de esa canción que abre –a través de imágenes–, sentidos que van mucho más allá de esas mismas imágenes: “Me arrastro bajo el cielo / Y las nubes del invierno / Es el viento que las manda / Y no hay nadie que las pare / A veces combate despiadado / A veces baile / Y a veces… nada…”.

Paula Maffia

Para mí, Lhasa siempre ha sido un personaje inspirador; una mina con una historia compleja, una viajera, una persona con anécdotas e historias recopiladas por ella misma. Se ha ganado el mote de cuentahistorias porque las lleva en la carne y eso se ve clarísimo en cada una de sus palabras, en cómo las entona: todo lo que dice es sincero y sentido. Por otro lado, siempre me atrajeron los personajes incatalogables y ella es un buen ejemplo, porque su música… ¿qué es? Es una fantasía de canción gitana, ranchera de amor, delicadeza de folklore europeo, crudeza lofi capaz de generar imágenes quiméricas y evocadoras.

Las canciones que voy a hacer son “Por eso me quedo” (sola, sin acompañamiento); “Floricanto” (junto a Laura Ledesma y Marianela Cuzzani) y “Los Peces”, con Julieta Rimoldi. Auguro que, en cada canción, voy a usar un instrumento… ¡Hay que hacer honor al clima ecléctico de Lhasa!

Laura Ledesma

Lhasa es, para mí, una enorme fuente de inspiración, con sus letras profundas, sensibles, el timbre de una voz que encanta, el peso de canciones que dejan el cuerpo cansado… Qué lamentable que su carrera haya quedado trunca en su mejor momento. Por suerte, el homenaje va a hacer llegar su música a más gente y podremos sumar nuestra impronta en el placer de reinterpretar sus temas, solas y acompañadas.

Irene Goldszer

Lhasa apareció en mi mundo musical hace 11 años y, en ese momento, me hizo descubrir una mezcla europea y latina en sus letras y músicas, un fraseo particular en su canto, una emoción al decir que antes no había escuchado. Sus temas no son lo suficientemente conocidos por el gran público y si bien no tomo este tributo como una “misión” para transmitir su música, ese será el efecto que surgirá naturalmente. El punto es que, mediante sus canciones, podemos prestarle atención a una enfermedad como el cáncer de mama.

Valentina González

Como mexicana en Buenos Aires me parece importante ser parte de este tributo en el que se honra el trabajo maravilloso de una méxicoamericana. Lhasa significa aire fresco para las sonoridades de mi país, sacar a lo vernáculo de su sitio de pieza de museo y reinventarlo y alimentarlo de todo cuanto su alma quiso. Como artista, ella conectó sus raíces con todo lo que se encontró a su paso. Este tributo es sólo una muestra de gratitud y de ello sólo pueden venir cosas buenas. Yo haré “J’arrive en Ville” sola con mi loopstation grabando voces en vivo, tomándome algunas licencias artísticas para recrear esta versión a cappella.

Valeria Cini

De Lhasa aprecio la forma apasionada, dramática y casi desgarrada en su expresión, pura y sin amaneramientos. Una mujer contando sus sufrires, sus amores, su vida en las posibilidades de varias lenguas, dándole a la composición esa cualidad personal con sonido propio, con la suma de lenguajes musicales folclóricos. Aunque no siento que necesariamente haya influido en mi música, puedo reconocer los nuevos planos sonoros que trajo a mi universo y creo que esta es una fantástica oportunidad para dar a conocer sus canciones en ámbitos menos intelectuales.

Elegí hacer “El Desierto” porque es la primera canción suya que escuché; me conmovieron y agitaron totalmente las cadencias, el ritmo, los sonidos puros y la poesía genial en la simpleza de la letra, el tono de su voz es muy particular, dramático. Y elegí “La Marée Haute” porque esa idea de “montarse a la mar en alto y andar” la convierte en una canción épica. Y me gusta lo épico.

El “Tributo a Lasha de Sela en el Día Mundial del Cáncer de Mama” será el miércoles 19 de octubre a las 20 en Plaza de Colegiales, Av. Alvarez Thomas 1100. Entrada libre y gratuita.